Extras


Para ver todos los componentes de El Universitario puede que necesites instalar Adobe Flash Player, es gratis.

Descargalo Aqui




Para visualizar mejor el sitio web, puedes descargar el navegador de Google, es gratis.

Descargalo Aqui




Sigue a la Secretaria de Comunicaciones en Facebook.

Seguir



¿QUÉ ES EL FEMINISMO? PDF Imprimir E-mail
Escrito por Antropóloga Ana Silvia Ortiz Gómez   
Lunes, 08 de Marzo de 2010 11:17

La palabra feminismo con frecuencia causa resquemor, pues es muy común que en el imaginario colectivo salvadoreño se asocie a dominio femenino sobre los hombres o como antónimo del machismo: el hembrismo. Asimismo,  hay que reconocer que al interior de la militancia feminista tampoco existe un consenso sobre su significado. Lastimosamente, los espacios académicos no escapan a esta dinámica. Por esa razón me gustaría presentar una breve discusión sobre lo que este término implica:  ¿es el feminismo un movimiento social?, ¿a caso una estrategia?, ¿implica un proyecto político?, ¿una ideología crítica?, ¿se trata de una filosofía política?, ¿o lo es todo a la vez?. Karen Offen, Teresita de Barbieri, Elizabeth Gross, Michele Barret y Anne Phillips serán las autoras a las que recurriré  para intentar integrar una definición.

Esta definición señala Karen Offen (1991) tendría que tener la cualidad de que las diversas mujeres nos sintamos identificadas con ella. Por esta razón, propone construirla a partir de la evolución histórica del pensamiento feminista occidental.  Ella señala que desde el surgimiento del feminismo en Europa a finales del siglo XIX el uso del concepto de feminismo entrañaba múltiples significados, los cuales fructificaron en teorías y programas divergentes, estableciéndose una anarquía conceptual en el uso del término. No obstante, las diversas teorías compartían la crítica y el accionar por el mejoramiento de la situación de la mujer con relación a los hombres.

De esta diversidad de teorías Offen  elige a dos argumentaciones de gran peso histórico dada la trascendencia de sus análisis, propuestas e impactos en las relaciones  sociales, señalándolas como las tradiciones bajo las cuales debe fundarse la definición de feminismo. Baste decir que la argumentación relacional nace en Francia a finales del siglo XIX, en el marco de  las reivindicaciones de derechos colectivos, y que pone énfasis en los derechos de las mujeres, definidas por sus capacidades de engendrar y criar, a diferencia de los hombres, insistiendo en las contribuciones de las mujeres a la sociedad, en virtud de esas funciones. Por su parte, el argumento individualista surge en Inglaterra a finales del siglo XIX y principios del XX, en el contexto del liberalismo económico, otorga prioridad política a la promulgación de la enmienda por la igualdad de derechos, exaltando la búsqueda de la independencia individual (o la autonomía) en todos los aspectos de la vida, descalificando los roles definidos socialmente, en especial los de la maternidad.

Como vemos estas argumentaciones si bien son divergentes en sus interpretaciones y conclusiones, tienen la cualidad de establecer necesidades de las mujeres muy distintas, afines al contexto social  en el que se desarrollaron. De ahí que Offen proponga definir el feminismo a partir de su integración. Así pues,  Offen concibe al feminismo como una ideología crítica y transformacional, que se encuentra en rápida evolución, poseedora de un movimiento sociopolítico. Esta ideología se funda en el análisis crítico de la subordinación de la mujer en cualquier sociedad, siendo el género su categoría analítica. En tanto ideología transformacional, exige que el poder social se reestructure de forma más equilibrada entre los hombres y las mujeres. Su objetivo es destruir la jerarquía masculinista  enfrentándose al patriarcado.

Por su parte, Elizabeth Gross (1995) ahonda en los objetivos y características de la teoría feminista, señalando que la meta de ésta teoría es desmantelar los discursos patriarcales, para posicionarse con armas teóricas en la lucha por la autonomía; lucha que demanda paradigmas y herramientas teóricas diferentes y una reconceptualización de todo el sistema de conocimientos y métodos teóricos existentes.

En primera instancia la teoría feminista cuestiona el compromiso de la teoría patriarcal con los siguientes supuestos: un concepto de verdad singular, universal  e inmutable; la objetividad y "asepsia" del sujeto productor de conocimiento;  la neutralidad del lenguaje y los sistemas discursivos con respecto a las estructuras sociales opresoras y con las posiciones políticas establecidas; la producción de conceptos puros, ahistóricos.

A diferencia de la teoría patriarcal, la teoría feminista asume públicamente su compromiso con posiciones teóricas abiertamente reconocidas como subjetivas; reconoce que en tanto las teorías son políticas (sexualizadas), la teoría feminista lucha por la autonomía para las mujeres; no acepta los valores de verdad, objetividad, universalidad, neutralidad y un razonamiento abstracto; propone  un concepto de razón incluyente de  la experiencia, cuerpo, historia; asume al lenguaje como vinculado a las estructuras de poder; reconoce en los discursos patriarcales las ausencias, huecos, lagunas en torno al asunto de la mujer; explora nuevos espacios discursivos abiertos a la pluralidad de voces y perspectivas.

La teoría feminista en tanto que cuestiona la conceptualización dicotómica de la relación entre teoría y práctica, se considera como una práctica teórica (una práctica en el mismo nivel de importancia que la teoría y ligada a la producción intelectual) y como una teoría práctica (como parte de la práctica, es una herramienta teórica para desconstruir el patriarcado y construir la autonomía de las mujeres). En ese sentido Gross, señala a la teoría feminista como "una práctica teórica [y una teoría práctica] consciente y políticamente comprometida, activa e informada".

Michelle Barret y Anne Phillips (1992), coinciden con  Gross al señalar que la teoría feminista se ha abocado a desestabilizar los supuestos básicos de la teoría moderna. Incluso van más allá al señalar, que durante los últimos 20 años también los principios fundantes del feminismo contemporáneo occidental,  han sido sometidos al escrutinio autocrítico feminista, contribuyendo con ello a una prolífera producción de debates enriquecidores.

Estas autoras precisan  que en la década de los 70 había un consenso inicial en torno al reconocimiento y denuncia de la opresión de las mujeres y en la búsqueda de sus causas. Ubicando a la causa en el  nivel de la estructura social (patriarcado).

Las explicaciones causales de la opresión fueron abordadas por el feminismo liberal, socialista y radical; siendo el liberal, a diferencia de los otros dos, el que alejaba su explicación de un origen estructural, otorgándoselo al prejuicio, irracionalidad y a la discriminación producto de una tradición cultural.  En cambio, el feminismo socialista sostenía que la subordinación se debía a que un sistema se beneficiaba de la opresión de las mujeres. Contra esto las feministas radicales acentuaban a los hombres como los responsables de la subordinación, orientando su análisis en la reproducción, sexualidad y violencia masculina. Así en amplios debates entre estas perspectivas se buscó dar una respuesta a qué atribuirle  la subordinación, ¿a la producción o a la reproducción?, si bien la diversidad de las respuestas ocultaba el consenso en las preguntas, las feministas estaban unidas en la tarea de establecer los puntos fundamentales de la causalidad social (y no biológica).

Este consenso fue roto, situando con ello al feminismo contemporáneo (de los años 90) en debates distintos. Pero ¿cuáles fueron las razones de este rompimiento? La primera  la constituye  el cuestionamiento de las mujeres negras a la exclusión de las categorías de raza y etnia de los análisis feministas. Una segunda fue la distinción entre sexo y género que llevó a una diferenciación sexual  más positiva asociada a la identidad. Un tercer elemento implicó la apropiación de las feministas de ideas postestructuralistas y posmodernistas (aquellas que cuestionan las epistemologías fundacionalistas y a las teorías políticas y morales del modernismo).

Barret y Phillips caracterizan al feminismo como política y teoría, colocándolo como (citando a  Pollock) " una intervención en la historia, inspirada por conocimientos históricos, lo cual significa no olvidar, en el acto de la crítica necesaria, la historia del feminismo occidental", sin duda su punto de partida.

Los planteamientos de Teresita de Barbieri (1986) a su vez, sitúan  implícitamente al feminismo como un movimiento histórico cuyo objetivo es cambiar la vida de subordinación de las mujeres. Al finalizar el siglo XIX y despuntar el siguiente, las primeras luchas en el contexto europeo se volcaron por la demanda y obtención de los derechos ciudadanos para las mujeres. En tanto, el feminismo de la segunda ola, se radicaliza al constatar que la conquista de los derechos políticos no significó la igualdad automática en todos los ámbitos sociales. Así pues, este movimiento histórico plantea cambiar la vida de las mujeres en el plano material, (calidad de vida  en la esfera pública cómo privada); en lo político (nuevas formas de organización y participación -el pequeño grupo-, así como de difusión de las críticas y propuestas feministas); en lo teórico, la construcción de conocimientos en que las mujeres y lo femenino tuvieran su lugar como parte de lo humano y de la historia.
Sin embargo, como señala de Barbieri, la propuesta de cambiar la vida ha tenido significados diferentes para las actoras, dibujándose desde la aparición misma del movimiento líneas políticas y teórico-metodológicas distintas (feminismo liberal, radical y socialista), que han buscado responder a la pregunta ¿cuál es la solución justa o humana al problema de la subordinación de género?

Para Barbieri, sin embargo, el feminismo en tanto movimiento social, presenta límites difíciles de pasar cuando se trata de reorganizar las sociedades en función de su utopía,  en la medida en que dos de sus líneas teóricas (radical y socialista) no buscan el poder, sino cambiar el ejercicio del poder. Clarificando entonces que ello requerirá de una estrategia centrada en un largo proceso educativo que conquiste voluntades y transforme las formas de convivencia y el contenido del imaginario social.

Para concluir, intentaré echar mano de las ideas aportadas por cada una de las autoras acerca de lo que es el feminismo e integrar una respuesta que involucre sus aportaciones.  A mi parecer el feminismo constituye pues una intervención histórica de las mujeres, a partir de la consciencia de la situación de subordinación que comparten como colectivo en cualquier sociedad, en relación con la situación  de privilegio de los varones.

Esta intervención engloba una amplia y diversa producción teórica feminista (caracterizada por su trabajo intelectual desestabilizador de la teoría patriarcal  y reconocedor de la subjetividad,  la experiencia, cuerpo, historia del /de la sujeto productor(a) de conocimiento); asume públicamente metas y objetivos políticos  no sólo orientados a producir  cambios en el ejercicio del poder, al contrario, pareciera que las feministas cada vez más tienen menos empacho en  expresar abiertamente el deseo sincero del poder para transformar la situación de subordinación de las mujeres  (aún a pesar de las resistencias de la corriente de la diferencia). Esto plantea para Varcárcel (1995) situarnos en los terrenos de la ética, toda vez que  existe la sana duda acerca de sí podremos cambiar las reglas del juego del poder.

Para Varcárcel, el feminismo es pues, la conjunción de una teoría crítica, una filosofía política, una ética de vida, así como una intervención teórica pero sobre todo, "… el movimiento cultural más novedoso del siglo XX,  con una capacidad difusiva por encima de la media, que produce transformaciones sociales aún impredecibles... [que ha obligado a redefinir] la historia de la cultura, el concepto de cultura, las relaciones con la naturaleza, los rangos y la comunicación". En cuyo seno han fructificado y se impulsan distintas y diversas estrategias y acciones hermanadas en su empeño por materializar la utopía de  una sociedad sin subordinaciones.

Bibliografía

Barret, Michelle y Ann Phillips, (1995), "Debates feministas contemporáneos" en Debate feminista, año 6, vol. 12, pp. 141-151.

De Barbieri, Teresita, (1986), Movimientos feministas, México, UNAM.

Gross, Elizabeth, (1995), "Qué es la teoría feminista" en Debate feminista, año 6, vol. 12, pp 85-105.

 
Trykkeri kontorstole Renault
seo konference CMS