Las acciones tomadas por el Consejo Superior Universitario (CSU) y los rectores del periodo del exilio, y de cómo la universidad sobrevivió a la expulsión de sus instalaciones, funcionando cuatro años en locales externos a ésta, es la temática abordada por Luis Quintanilla, en su investigación "La UES en el exilio, medidas académicas y administrativas de las autoridades, 1980-1984".

Quintanilla realizó esta investigación como parte del proceso de grado, para optar al título de Licenciado en Historia. Su trabajo expone las medidas académicas y administrativas más importantes tomadas antes, durante y después de la intervención, ocurrida el 26 de junio de 1980.

Según el investigador, antes de 1980 existió mucha inestabilidad dentro de la Universidad de El Salvador, al punto que en 1979 tuvo tres rectores: el Doctor Eduardo Badía Serra, 1979; el Licenciado José Luis Argueta Antillón, 1979 y el Ingeniero Félix Ulloa, 1979-1980. Posteriormente se elige al Doctor José Napoleón Rodríguez Ruiz, 1980-1981 y al Doctor Miguel Ángel Parada, quien fungió en el período 1982-1986.

La intervención ya estaba anunciada, la universidad iba a ser intervenida tiempo antes, pero se pospuso por el asesinato de Monseñor Oscar Arnulfo Romero, el 24 de marzo de 1980. El Estado argumentaba que en la universidad no existían condiciones para administrarla y todo apuntaba a que el Estado quería intervenirla.

Los recintos universitarios intervenidos fueron tres: los de las Facultades Multidisciplinarias de Santa Ana y San Miguel y el Campus Central en San Salvador.  Un hecho que detuvo y generó mayor complejidad a la intervención fue el asesinato del rector Félix Ulloa, el 28 de octubre de 1980, situación que paraliza nuevamente los esfuerzos que realizaban las autoridades de la universidad.

El gobierno universitario se reunía en varios locales: la Facultad de Economía de la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas, UCA; en el auditórium del Colegio Cristóbal Colón y la terraza de la Corte de Cuentas. En estos y otros lugares como el edificio Ferrar y el Condominio Cuscatlán, también funcionaron las oficinas administrativas de la UES.

Para reactivar las actividades académicas se buscó locales o edificios: la UCA, la Universidad Albert Einstein, la Universidad Francisco Gavidia, el Liceo Stanford, el Centro Oxford y el Colegio Hispano Salvadoreño, el Centro Cultural de El Salvador, el INFRAMEN, la Escuela República de Panamá y el ITEC de Santa Ana, para la Facultad de Occidente, entre otras.

La facultad de Medicina tuvo una estrategia diferente y tuvo que alargar un poco la reactivación de actividades, debido a la naturaleza de sus carreras. No obstante, las prácticas y horas sociales de sus estudiantes continuaron en los hospitales, principalmente en el Bloom, Maternidad y El Rosales.

En el exilio el Estado congeló el presupuesto de la universidad y los salarios de los funcionarios, pero se mantuvo el pago de salarios para los trabajadores. “La universidad buscó la manera de sobrevivir”, mencionó Quintanilla.

El CSU conformó una serie de comisiones para funcionar en el exilio y para la recuperación y reapertura de los recintos:

Comisión de divulgación: encargada de las conferencias de prensa, comunicados, etc. Pero no todos los medios de comunicación difundían la información.

Sistema de Consultas: El rector Ulloa desarrolló un sistema de consultas, por medio de las Juntas Directivas de las Facultades y por medio de Asambleas Generales, para, entre otras cosas, conocer el sentir del resto de trabajadores universitarios (docentes y administrativos).

Comisión interministerial: donde participaron el Ministerio de Educación, el Ministerio de Hacienda, la Corte de Cuentas y la UES.

Las campañas internacionales: las autoridades intentaban que en el exterior se matricularan en la Universidad de El Salvador de manera simbólica, para que esos fondos llegaran a la institución.

La imposición de aranceles al alumnado: esta medida se implementó durante los cuatro años del exilio, aunque no era una medida obligatoria, sino voluntaria, que incluía a los mismos trabajadores, como alternativa para generar ingresos a la universidad.

La declaración de puertas abiertas: una medida que permitió que todos los estudiantes, que lo desearan, pudieran ingresar a las diferentes carreras y de esta manera, ejercer presión al Estado, para devolver las instalaciones y brindar un presupuesto justo. Esto ocurrió a finales de 1982.

Proyectos de decreto: el CSU producía decretos legislativos y los enviaba a la Asamblea Constituyente, en 1983 y posteriormente a la Asamblea Legislativa, cuando ésta tomó posesión como tal. Acciones que también dieron pocos resultados.

La comisión de entrega: fue una comisión similar a la interministerial, con nuevos actores. Esta comisión se encargó de gestionar todas las acciones para que, finalmente, se lograra la entrega de la universidad en 1984.

Los recintos no se entregaron de una vez, fueron devueltos de manera gradual: el primer recinto recuperado, el 19 de enero de 1984, fue el de Oriente y el 10 de febrero de 1984, el de occidente. El campus central fue entregado, mediante un acto oficial, el 21 de mayo y las puertas de este recinto fueron abiertas el día siguiente, el 22 de mayo de 1984. El entonces rector, el Doctor Miguel Ángel Parada (1982-1986), recibe las instalaciones.

Sin embargo, las actividades no se reactivaron inmediatamente. Había que hacer un recorrido por todas las instalaciones para constatar cómo se encontraba la infraestructura, equipos y utilerías.  El CSU trabajó en una estrategia de limpieza, reconstrucción y habilitación de espacios.

El 13 de septiembre de 1984 se realiza la primera sesión del CSU en el recinto central, cuatro meses después de recuperar la universidad. Las actividades académicas y administrativas fueron retomadas gradualmente.

Posteriormente a la entrega de los tres campus, el discurso de las autoridades fue el siguiente: denominar al exilio como un período de catacumbas, un período oscuro para la universidad.

Durante la primera sesión del consejo, luego de la entrega de las instalaciones, el rector Miguel Ángel Parada expresa en su discurso que la intervención fue inútil, porque paralizó por cuatro años las actividades académicas. Pero también se informa que en el período del exilio la universidad logró graduar a un total de 2 mil 689 nuevos profesionales, en cuatro promociones.

La primera graduación en el exilio se produce el 19 de septiembre de 1980, con el apoyo de los estudiantes, quienes crearon una comisión de gestión y organización de la graduación. La ceremonia se llevó a cabo en las instalaciones de la UCA.

La investigación no logró precisar el dato de cuántos estudiantes desertaron de la UES en el período del exilio. No obstante, Luis Quintanilla afirma que se puede vincular esa deserción con el auge que se produjo, en esa época, de universidades privadas.

Como dato final, se conoció que el CSU sesionó 155 veces en el exilio, en diferentes lugares. En el exilio la UES cumplió con su deber constitucional, pues graduó a un total de 2 mil 689 profesionales, finalizó el estudiante egresado de Licenciatura en Historia, Luis Quintanilla.

 

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